Ya para mi generación la vida había dejado de ser sólida, pues nos encontramos con una época abierta, inestable, llena de incertidumbre y de profecías. Zygmunt Bauman la llamó la sociedad líquida. Mientras intentábamos caminar por un mundo moldeable y flexible, toda una generación se preparaba para saciar su sed en esa sociedad líquida. Pero resulta que cuando ha llegado a la meta se ha encontrado, no con un vaso medio lleno, sino con la botella vacía. El líquido se había evaporado o alguien se lo había bebido en una gran fiesta.