Según la UNESCO en los próximos 30 años se graduaran más universitarios que todos los graduados desde el principio de la historia. Es sabido que progresivamente ha habido una devaluación de los títulos universitarios, donde antes era suficiente una licenciatura, ahora hace falta un postgrado, una acreditación profesional, un máster o quizá un doctorado; o algo más que la universidad por ahora no proporciona: habilidades sociales, creatividad, tolerancia, trabajo en equipo, etc.
Hemos heredado un sistema educativo del siglo XIX basado en la habilidad académica que se ha encargado de anular la creatividad de las personas o incluso de algo mucho peor; expulsado del sistema a mucha gente valiosa y creativa. Un ejemplo es el enfoque del bachillerato que parece más orientado a formar profesores universitarios que ciudadanos formados para explotar sus habilidades. Otro ejemplo es la enseñanza de la música infantil; más pensada en formar músicos profesionales que niños que disfruten con la música. Incluso la selección del personal de las administraciones públicas, a través del sistema de oposiciones, ha pecado de esta herencia; lo importante es que el futuro funcionario demuestre que ha memorizado un temario y domine los temas constitucionales y normativos, en lugar de exigir competencias profesionales.
Los tiempos que corren son difíciles, por lo tanto es necesario que nuestros políticos repiensen la educación, no con fines partidistas e ideológicos, sino porque nos jugamos mucho. Si tenéis tiempo y paciencia os recomiendo las reflexiones de Ken Robinson.
