Octavio Paz escribió en Árbol adentro que "el mar esculpe, terco, en cada ola, el monumento en que se desmorona". Lo mismo podríamos decir de nuestras sociedades, pues la historia se repite tercamente, generando ilusiones para luego desmoronarse como la ola de un tsunami. Pero como en toda desgracia sus consecuencias no se perciben del todo en el momento del golpe, sino cuando las aguas se retiran y nos muestran la crudeza de nuestras ilusiones rotas.
En el cuadro apreciamos, durmiendo en una bodega de cristal, a los hombres víctimas de la crisis económica y, en la parte inferior, el dinero acumulado por los especuladores en los años de bonanza. Fondos congelados forma parte de los tres murales que Diego Rivera pintó en Nueva York durante la gran depresión.